«Cuando empecé estaba perdida, como desubicada: no sabía por dónde tirar. Sabía que tenía algo dentro, pero no sabía cómo enfocarlo — y no sentía a nadie que hablara mi idioma en ese ámbito. Lo que me hizo confiar fue la manera en la que comunica Anais, y desde dónde lo hace: desde su esencia, desde su parte más humana. Era como ver que se puede, que hay una manera, que no soy la única que habla así. Hoy ya reconozco quién soy y me muestro tal y como soy, intentando esconderme lo menos posible. Sigo siendo perfeccionista, pero ahora soy consciente, trabajo con ello… y me relaciono mejor. Lo que más valoro de ĀNIMA es la naturalidad, esa chispa de "yo también he pasado por eso". ¿Y a la que está pensando si empezar o no? Que se atreva. Porque su vida puede cambiar: puede llegar a ser la persona que imagina. Yo visualicé la mujer que soy hoy… y es prácticamente muy parecida.»




